Astutos, destructivos y un riesgo para la salud pública
Los roedores urbanos más comunes —ratas y ratones— son plagas de alto riesgo sanitario y estructural. Viven en cloacas, sótanos, falsos techos y zonas poco transitadas, y son expertos en ocultarse. Su presencia no solo genera asco o miedo: pueden transmitir enfermedades graves, contaminar alimentos y causar daños eléctricos o estructurales al roer cables, tuberías o madera.
¿Cómo se comportan?
Los roedores son animales nocturnos, desconfiados y con un olfato excepcional. Son extremadamente adaptables, con capacidad para reproducirse a gran velocidad: una pareja puede generar hasta 100 descendientes al año. Pueden colarse por huecos mínimos (incluso de 1 cm en el caso de los ratones) y establecerse rápidamente en cualquier sitio con alimento y refugio.
¿Qué señales indican infestación?
- Excrementos pequeños y oscuros
- Ruidos en falsos techos o paredes durante la noche
- Cables o materiales roídos
- Restos de comida o huellas
¿Qué enfermedades pueden transmitir?
Leptospirosis, salmonelosis, hantavirus, toxoplasmosis, entre otras. También son portadores de pulgas y ácaros.
¿Cómo actúa Doriplagas?
- Inspección detallada para detectar rutas, nidos y focos activos
- Uso de estaciones de cebo seguras y cerradas, con rodenticidas profesionales
- Trampas ecológicas o mecánicas donde se requiera
- Sellado de accesos y recomendaciones de higiene
- Seguimiento periódico hasta erradicación total
Nuestra estrategia no es solo matar al roedor: es romper su ciclo y bloquear su retorno.